martes, agosto 16, 2005

Apuntes para una investigación acerca de los secretos de un domingo por la mañana

Desde la capa más oligofrénica de la biosfera terrestre, un saludo. Flotando a través de múltiples irrealidades he desvelado un secreto profundo de este corazón humano: el mundo es una obligación ineludible ante la que –no hay duda –me frunzo; no estoy obligado, por otra parte, a ceder en medio de sonrisas.

A ver que pasa. Disculparas mi incoherencia pero casi nunca puedo defenderme de los ataques de mi mismo...Tu dirás...
Habemos días que nos cansamos de tanta frivolidad. El horizonte se nubla y, con pena, llegamos como cuchillos hasta la noche: atravesando un aire espeso, fiero, cerrado. Supongo que nuestras buenas imágenes del infierno (septentrionales las más famosas de ellas) deben gran parte de sus flamas a la espesura de los ambientes en los que nada se mueve o, dios mediante, se mueve todo con dificultad...

Esta palabra de la madurez tiene un gusto tan floral que no puedo escapar de los rebotes en mi cabeza. Cuando pienso en madurez, enormes aguacates y flotantes plátanos me invaden. No te ofendas, soy yo. Lo mismo me pasa cuando escucho otras palabras. Por algún lugar del que no voy a recordar nada, escuche que la ironía es algo así como la impertinencia contenida, la ofensa sutil, una delicadeza, en una palabra. Y las delicadezas son siempre algo para agradecer, como los plátanos, a todo dios.

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