jueves, septiembre 22, 2005

JUEVES POR LA TARDE DE UN PARÉNTESIS QUE SUELEN SER COMO LAS DOS DE LA TARDE.

Imagina una carretera. Ahora imagina una carretera por cuyo trazo nunca hubiera circulado automóvil. Está bien, exagero, por donde los autos circulan a velocidades cercanas a, digamos, quince kilómetros por hora. Curvas y pendientes, pavimento en hoyos, rocas, deslaves, criminales asaltantes y criminales de otra índole, maleza en cerrada lluvia por la noche; un camino sinuoso en verdad. Ahora imagina que te desprendes de una cima, rodando cuesta abajo y a una velocidad inefable, los árboles y postes y vacas y gente que saluda y la que no saluda también, pasa como dibujos en un kinetoscopio endemoniado, sombras casi siluetas forman un sólo paisaje de manchas de colores. Quisiera decir que un automóvil pero el aire es demasiado vívido y la sensación demasiado corpórea como para presumir la burbuja de una cabina. Te desprendes en patines. Eres un enano. Divertido, avanzas con soltura, casi natural.
Ahora, ¿en que momento piensas: esto es demasiado; voy muy rápido; me puedo matar; freno para disfrutar del paisaje, u otras pendejadas por el estilo?

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