Es muy difícil seguirle el rastro a las preocupaciones que albergo. Aunque sospecho que no serán más de un puñado, pueden presentarse con la displicente seguridad de los pensamientos obsesivos: desdoblarse, hacer pliegues, crecer como árboles, como ramitas de un pepino o de cualquier chayote.
En un lejano principio imaginé (que GÜEY) que perpetrar un blog haría las veces de artesonado en tan tortuoso cajón de sastre. No sucedió. Ahora que puedo revisar, esta cosa se impostó en mi libreta de bolsillo; hay tantos hoyos en el cuadernillo como entradas en este lugar ( falta echarle un ojo a la interminable lista de borradores ).
y mientras que los ruidos descerrajan las puertas,
la noche ha enflaquecido lamiendo su recuerdo.
(¿De quién es ese verso? me acompaña desde antes de dormir; ¿alguién sabe?)
la sangre que no cuaja ni la muerte
y este otro? Alfonso Reyes pero no estoy seguro.
Si no por altivez, por desencanto
imitemos el gesto del océano
monótono y salobre...
RENATO LEDUC
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