jueves, noviembre 03, 2005
El mundo es una obligación ineludible ante la que –no hay duda –me frunzo; no estoy obligado, por otra parte, a ceder con una sonrisa
Lamento no visitar San Andrés Mizquic (¿o será mixquic o mixquiq o mizquiq?) contigo; lamento tambien no haber visitado los mismos museos a los que fuiste obligada cuando aún hacías horas en algún tipo de institución escolar; lamento que el cumpleaños de San Anselmo te venga guango; lamento que haiga no se pueda usar cuando se debe; lamento que eritrea suene tan a Alfonso Reyes y no a algún versado huapanguero; lamento verte impasible cuando te sospecho agitando el aire alrededor; lamento que los pingüinos viajen de dos en dos; lamento que le llamen panceta al santo tocino; lamento que los perros no puedan comer almendras ni pan ni chocolate ni tacos de suadero ni nada que valga la pena comer; lamento que los semáforos tengan tan solo tres colores; lamento salir de la cama los días de sol frío; lamento dejarte sola en el malabar de tus tres únicos pasos de baile; lamento que el corrido de Juan Charrasqueado no sea tu primera opción cuando amaneces de buen talante; lamento que Eugenio no pueda acompañarme al parque; lamento los frijoles las lentejas la fabada el tapado de plátano el tamal de cazuela de mi abuela; lamento que falte el vodka con sabor a sandía; lamento los tres o cuatro juguetes que permanecen intactos desde la infancia; lamento los pianos y mis dedos ignorantes; lamento las horas que soy guiñapo y feliz; lamento la imposible certidumbre de que al final quedará algo, lo que sea; lamento mis dos pies izquierdos; lamento el papel arroz de los delicados; lamento mi carrera como cantante de tangos; lamento cuando calzas los postigos; lamento no ser desierto ni duna ni tortuga ni caimán ni una de esas simpáticas lagartijas que corren en dos patas; lamento además no ser el último miembro de un insólito accidente de las guacamayas; lamento que "un carnívoro cuchillo" no sea de mi imaginación; lamento los volovanes por la calle; lamento que la acedía no sea más acedia sino una mugre depresión; lamento quedarme sin palabras y nada que digo te rías; lamento que no ruedes por el pasto ni te rasques la espalda con los árboles; lamento ocasionar palabras en tus silencios; lamento los árboles de níspero de la calle; lamento las bicicletas; lamento que los puercos sean lindos y sabrosos a la vez; lamento las composiciones recientes de Bach; lamento ese labio inferior, siempre en las lindes del puchero, que se vuelca inexpugnable;como esto como aquello esta mañana plañidero y tonto, lamento cada uno de mis muertos.
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