At the hole where he went in
Red-Eye called to Wrinkle-Skin.
Hear what little Red-Eye saith:
"Nag, come up and dance with death!"
Eye to eye and head to head,
(Keep the measure, Nag.)
This shall end when one is dead;
(At thy pleasure, Nag.)
Turn for turn and twist for twist--
(Run and hide thee, Nag.)
Hah! The hooded Death has missed!
(Woe betide thee, Nag!)
Nadie sale de la jungla, alguién alguna vez me dijo. Todavía no acierto a comprender cabalmente que quiso decir. Criados por lobos, la ciudad de los hombres puede constituir una evidente amenaza, cuando no un verdadero peligro para cualquiera. Venimos de ningún lugar lo que es decir que venimos de todas partes. Sin referencia aparente todos los sitios son pequeños relatos habitados (en la calza derecha llevo la huella del peldaño aquel creo que decía Ricardo Yañez). Y entre la maleza que no somos, se asoman estos rostros más palpables del tiempo. Nadie sale de la nada y más aún, aunque la misma nada nos precede, las caras y segundos, los peldaños, serán la misma selva que viaja con nosotros. Añoranza y desasosiego, melancólica nostalgía, saudade o bonzo les veo como hebras que cardan su paso al paso de cada día, siguiendo las horas del mundo y las horas del sueño. Y luego son pozos donde la piel se hunde para encontrar la memoria que no tiene; son los relatos. ¿Quien pudiera sacarnos de esa boca de ese hoyo de el instante mismo en que añoramos el peldaño aquel? En la estupidez, aún me sorprendo.
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