lunes, diciembre 12, 2005

Hay veces que las cosas no parecen 6

Hay nuevo perro. Se llama Lola, es negra y tiene como tres meses; como tres porque en esto de la canitud nunca nadie requiere de semejantes precisiones. Las orejas le cuelgan por debajo de las patas delanteras y, si las pliego, pueden cubrir hasta medio cuerpo de la perrita; la sospecho basset-hound (así me la vendieron) pero veremos con el tiempo. Este será mi cuarto perro.
Bonifacia se llamaba la primera. Fue una linda pequinés/fox terrier/¿? que desde cachorra y buena parte de su vida adulta le tocó padecer las inclemencias de un cachorro humano. Una vez mientras jugabamos (yo jugaba ella se enfadaba) me mordió en la oreja; recuerdo el dolor agudo y súbito. Tambien recuerdo que, para desquitarme, le mordí una oreja, a la vez, a la perra. Ese fue el fin y el principío de una nueva relación entre los dos. Murió de cancer a los 13 años.
Los últimos dos años de vida de la "Boni" se le pasaron aguantando a Nicolás, otro cachorro (Alaskan), pobre.
Nicolás fue tan grande como paciente: 69 kilogramos de peso y 110 centímetros desde el piso hasta el inicio de la columna vertebral. Nunca, en su vida, mostró signos de agresión hacia ninguna cosa (excepto los plumeros). Murió a los casi nueve años por una muy dolorosa infección bacterial.
Ese mismo año, meses después de jurar que ningún perro nunca más, me regalaron a Zifar fidelis. Este perrito labrador chilango (si no es una raza debería ya serlo, si no por mérito por frecuencia, al menos) de ojos muy azules y de pelo color carlos V , al año había logrado pasar de zifar fidelis al más directo y simple nombre de "FITO". Que de tan feo como llegó a serlo resultaba una ironía perversa un nombre tan petulante. Aunque tiene sus gracias; no ataca mujeres y no soporta hombres en su casa; hace cualquier cosa por un chocolate (según mi madre prefiere los laposse) y tiene un desliz hacia la decoración de interiores y la administración de espacios: le gusta redistribuir los objetos por la casa, aunque no los rompe.
Ahora con Lola estoy nervioso porque Lola es perro de dos humanos. La veré crecer y con cada kilo con cada centímetro de más, Lola será el recordatorio de otra cosa, muy diferente pero muy ligada a su existencia, y eso es mucho pero mucho más que ser un simple perro.

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