Je sens la bonne odeur des vaches dans le pré ;
Bétail, moissons, vraiment la richesse étincelle
Dans la plaine sans fin, sans fin, où de son aile
La pie a des tracés noirs sur le ciel doré.
Et puis, voici venir, belle toute à mon gré,
La fille qui ne sait rien de ce qu'on veut d'elle
Mais qui est la plus belle en la saison nouvelle
Et dont le regard clair est le plus adoré.
Malgré tous les travaux, odeurs vagues, serviles,
Loin de la mer, et loin des champs, et loin des villes
Je veux l'avoir, je veux, parmi ses cheveux lourds,
Oublier le regard absurde, absurde, infâme,
Enfin, enfin je veux me noyer dans toi, femme,
Et mourir criminel pour toujours, pour toujours !
Las figuras no hacen click. La imaginación se arrastra.
Una parte de mi persona quiere suponer que es esta la soterrada declaración de un turista sexual de principios del siglo 21 a principios del siglo 19. De peculiares caminos me valgo para suponer que es esta una versión más articulada de un pasaporte que como diario muestra sus estampados como entradas en un diario:
Vietnan, Tailandia, México, Colombia, Brasil, Guatemala (de Africa nada no vaya siendo la mala suerte); más articulada pero menos explícita declaración de un turista sexual. ¡Es una niña y le vale madre!
Sin embargo, comienzo a sospechar que esto no se sostiene demasiado.
Otra parte de mi quiere pensar en una adolecente (si es que eso existió alguna vez hace docientos años) promedio, una mujer joven pues, de las que si puedo suponer crecían como pasto alrrededor de los centros fabriles. Algo así como una mezcla de Mujercitas y Oliver Twist. Una mujer de singular belleza que exhibe sus encantos através de las modernísimas fábricas y la redundante precariedad de su apariencia.
No, tampoco le veo mucho futuro. Pero quíza no se trate de verle futuro, sino de encontrarle simultaneidad. Imaginar un poco más (¿eso se podrá?), imaginar que existen otras cosas, saber que hay más cosas que las que se nos muestran con toda evidencia, tangibles, visibles, imperativas, reales. Saber que hay una vaca, un prado, una urraca, un pecho en donde podemos echarnos un clavado y una cabellera que resulte, francamente, un chapuzón.
Quién sabe?