lunes, julio 21, 2008

...praeputium...

Y pensar que pasaron más de diez años antes de entender que la estridencia estadística estaba en mi cuerpo no en el de los demás.
PREPUCIO
A veces pienso que los misterios están en las otras gentes. Y, casi al mismo tiempo, me doy cuenta que los reales misterios esconden, por costumbre, verdades comunes, ordinarias, corrientes y repetidas desde...

...¡oh! augur...

Mi abuela lo tuvo, infinitas veces. Mi madre, contadas pero muy sentidas ocasiones. Mi tia Cota, con mayor frecuencia que mi abuela pero con mayor intensidad que mi madre. Serán sinceras, sin duda; pero algo en el
pálpito
me intriga desde hace mucho tiempo. ¿Porque sólo se presentan cuando alguien intenta perpetrar su individualidad en acto? y, si no, ¿porque cuando algunos regresamos de haber cometido la indecencia de hacer las cosas por gusto y sin consultarles?

domingo, julio 20, 2008

Pero al final no son sino las voces...

Me trago mis palabras. No me molesta que reduzcan una cosa a su "sentido coloquial". Pero que te lo cambien de lleno indigna la metafísica del más pintado. La
Güeva
no es lo mismo que la hueva: benditos peces si así fuera. Y aunque un güevón puede ser negligente, la güeva no necesariamente conlleva negligencia. Es antes, una manifestación del ESpíritu, un weltanschauung modesto, barrial digamos.

sábado, julio 19, 2008

AGUJETA

Será curioso como las cosas se cubren de su propia grandeza. Cuando buscas en el diccionario la palabra
agujeta
te encuentras con que es "el cordón para amarrar los zapatos"
No ocurre así con las personas sin embargo

viernes, julio 18, 2008

y te apodo...

Así de llano. Intento dar forma a los minutos, apilarlos en una sucesión horaria pero no se dejan. Es difícil esto de tenerse con la obligación de objetivo y destino. Un puro propósito digamos.
Intento también imaginar imágenes, poner colores y formas a mis cavilaciones. Sin conseguirlo. En fin, de someras intenciones está pintado el camino del infierno (tampoco soy muy bueno con los refranes).
A veces despierto con el recuerdo obsesivo de una palabra que me persigue durante días. Ahora me propongo nombrar cada uno de estos día con una sencilla palabra. Lo pienso perseguir, a ver si lo alcanzo.

MOCO


Se supone que no debe mediar explicación alguna. Estuve agripado; primer día después de muchos que puedo rascarme la punta de la nariz sin regresar la mano húmeda al bolsillo del pantalón.

jueves, julio 17, 2008

JUEVES POR LA TARDE DE UN PARENTESIS QUE SUELE ABARCAR DESDE LAS 12

Este año cumplo 22 años fumando. De esta fecunda amistad nada puedo lamentar. Parece que las cosas no marchan bien entre nosotros. Me siento cansado por las noches y ya casi no nos sentamos a disfrutar un momento juntos; íntimo, por el puro placer de estar juntos. Por las mañanas le veo el cansancio, como si una ola de tedio y rutina hubiese llenado sus matices rojos y volutas púrpuras; le supongo, quiero decir, porque de eso ya casi nada compartimos.
Creo que el trabajo me agota, me deja poco tiempo para hacer cosas que nos gustan a ambos. Además, las cosas en la oficina no me permiten compartir mucho tiempo: un par de minutos a la hora de la comida.
Debo reconocer que siento que he fallado, que no he estado ahí en los momentos que fui necesitado. Últimamente le atacan, le denostan y quizá yo no supe defenderle cuando era oportuno...
No lo sé, quizá sea tiempo de evaluar nuestra relación. Tanto tiempo juntos puede cansar a cualquiera. Siempre pensé que durariamos para siempre pero las personas cambian, a veces contra su voluntad, otras sin que nos demos cuenta; incluso nosotros mismos ya no somos los mismos. Puede haber llegado la hora de la separación.
Cada que tengo gripe, sin embargo, pienso lo mismo y aquí seguimos....

viernes, julio 11, 2008

Hay veces que las cosas no parecen

Una pareja termina. Los años, las muchas cosas se acumularon con el tiempo. Las unas le impedirán dejar su amor; las otras, tantas, hacen su desgaste salpicado con piedritas, hasta cubrir el amor bajo escombros. El lazo persiste pero las líneas están rotas.
Él, por su parte, no tiene idea. Y cómo va a tenerla si las cosas de aquel ahora, de cuando las miradas se cruzaban sobre el suelo apartando las palabras como estorbos, no corresponden con ese sentimiento que le cruza la frente, como la marca de los aurelianos. Algo no marcha pero no puede ver que los perdones otorgados dejan retazos que bailan en la memoria como en el aire. No supo que los trozos se juntaron. No había manera de saberlo. Quizá después, quizá con terrible claridad; nadie sabe.
Algo se rompió, sin duda. O quizá fuese al revés: de rotas, las piezas se apilaron hasta formarlo todo, de vuelta y de revés.
Fiesta fin de semana ¿porque no? Tendrán oportunidad de perderse, entre sí y uno del otro; pero perderse no significa recorrer los mismos laberintos por donde ambos han construido juntos hasta ahí, hasta acá, hasta ese instante en el que Él dijo ¿porque no? y Ella dijo como sí. Perderse, no entrar de cabeza en el otro sin duda.
Fiesta de pueblo. Suena bien. ¿Porque la invita? Nada claro; no lo sabe. Pero no hay vuelta se repite todavía mientras cuelga el teléfono. ¿Recuperar? ¿el qué? La oportunidad de seguir juntos hasta que descubra que no puede olvidar el infierno de los días finales; y ese mismo perdón que reclaman las cosas le estalle en el rostro sin escape. ¿Recuperar qué? La risa, el sexo seguro la desnudez que se asemeja a un cadáver para contemplar otro cuerpo en toda la dimensión de lo que será de lo que ya no va a ser más. ¿Recuperar qué? del recuerdo el recuerdo, hacer memoria del dolor.
Todos los invitados asisten. Carnaval. Ella ríe ¿como tocarla? Se pregunta ¿como llegar a una persona que ruega por su mejor recuerdo pero rechaza todo contacto? ¿comotocarlacomotocarla? Él avanza una mano hasta su mano; Ella lo mira lo mide, siente la proximidad y no se abruma y no se intimida; sonríe, nunca desprendida de eso que carga cada cual pero ya pensarlo es estar pegados.
Él mira mide confunde y avanza las palabras al aire. Como se cazan los tigres: entre rodeos y mucho ruido. ¿Quien se confunde? Él asoma el cuerpo; Ella estira el cuello, Él avanza como un perdido incomprensible inexpresivo, los restos que serán. Planta un beso que no pega. Ella acusa el golpe. Desde atrás desde la bruma de los pensamientos, acepta deja hace, con el cuerpo rígido, sin anhelo, con demasiados signos abúlicos.
Siempre será lindo pensar que existió, cuando menos un poquito.
¿Recuperar qué? Cuanta ternura existe, la boca negada golpea hasta el fondo. Nunca ternura más profunda, habrá golpeado tan sentido. Es el precio ¿para que pides para que pagas? La soledad muerde la mano que la acaricia.
Quiere llorar pero ¿como? Pues así lo hizo entonces.
Todo pasa. Corrillos de desconsuelo. Todo pasa, nada ha pasado y las cosas regresan a donde estuvieron rotas.
Hora de dormir. Tirados como chamacos pasan el gallo. Risa de bobos. Se pierden en una caverna profunda donde sólo caben dos; muy apretada como para gritar. Sólo al oído las cosas se ven con la claridad de un desierto plano y brillante. Y el vaivén es intolerable en el desierto.
Salen, se tienden en el pasto; la humedad trepa por los tobillos. Sin estrellas, solo hay un raso azul de tan negro. ¿Recuperar qué?
Él acaricia largamente y acaba por acariciarse a sí mismo también. La mano estirada bajo la ropa; el fino recuerdo de cada pliegue, cada volumen que se levanta sin explicación. El pulso acelerado, ella quiere pero sabe... ella quisiera querer: las cosas perdidas también se encuentran nuevas. Mientras su vientre tiembla recorrido con el dorso de una mano, parece mientras que corre el cinturón, desliza los botones y aprieta, aún entonces descubre que nada está perdido. Pero quemando se van, quemadas.
Ella descubre. Él adivina. Húmeda e inmutable no son palabras para encontrar en un amante. Él se quita la ropa porque sabe que no va a ser, la toma de la mano y se acaricia con ella el cuerpo.
Las formalidades del tacto hacen las peculiaridades del guante. Los dedos de Ella son perfectos para cavan hondo, rasgan la superficie. Adelante atrás adelante atrás, de la repetición se desprende un aprendizaje nuevo, un conocimiento mineral capaz de repetirse por siempre.
Un quejido sordo sorprende a los dos compartiendo el mismo sueño de querer. Esa mano tiene cuerpo; y el otro cuerpo, tiene historia.
Ella quiere llorar pero ¿como? Si ha llorado tanto. Él quiere llorar pero ¿como? Pues así, chingada madre, así.

viernes, julio 04, 2008

Hay veces que las cosas no parecen

Y de concentrado en el esfuerzo que estuve, no estuve y acabe por encontrarme en otro esfuerzo. Duele como chingados no. Pero ya lo llevo con dignidad.

Hay veces que las cosas no parecen 6

Esto lo escribí en otro momento, hace años. Pero igual mi obsesión por el tiempo y la vejez no me ayuda mucho. Estaba, estuvo aquí reclinado esperando ser recordado y recordarme que cuando algo no parece, no parece. No más.
Todavía hace un par de meses no podía leerlo sin sobresaltos. Ahora, un par de años después puedo leerlo. No entiendo muy bien este espejo. Alguien dirá que es una manera (no es retórico, estoy seguro quien alguien dirá) tan cursi como desgarrada de ver los sentimientos a través de la experiencia. Sólo que esta vez soy yo quien debería verse desde ese escaloncito insignificante que es la huella del peldaño en mi calzado. No estoy de acuerdo.
Antes, soy yo mismo quien me miro burlón. Y es la propia experiencia la que resulta juzgada desde alquel momento distante. Me mirare sentado ante esta misma máquina, sin revivir ni recordar, volviendo incomprensible mi desapego, horadando mi desmemoria. Y nada entenderé desde entonces...
De alguna manera adivino que estoy condenado a nunca aprender del todo...
p.s. el número es la entrada original. Lo conservo porque desde antes no me lo perdono si lo cambio.
Sentada en el diván mira. Los cabellos le cuelgan por el lado izquierdo del rostro. Hace frío, el invierno que viene está. Quisiera suponer que es a mi a quien mira. No lo sé. Me atraviesa me enternece. No estoy en este cuarto porque estoy en este cuarto. Será curioso. Ella me mira. El invierno ya está, lo sé.

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