Una pareja termina. Los años, las muchas cosas se acumularon con el tiempo. Las unas le impedirán dejar su amor; las otras, tantas, hacen su desgaste salpicado con piedritas, hasta cubrir el amor bajo escombros. El lazo persiste pero las líneas están rotas.
Él, por su parte, no tiene idea. Y cómo va a tenerla si las cosas de aquel ahora, de cuando las miradas se cruzaban sobre el suelo apartando las palabras como estorbos, no corresponden con ese sentimiento que le cruza la frente, como la marca de los aurelianos. Algo no marcha pero no puede ver que los perdones otorgados dejan retazos que bailan en la memoria como en el aire. No supo que los trozos se juntaron. No había manera de saberlo. Quizá después, quizá con terrible claridad; nadie sabe.
Algo se rompió, sin duda. O quizá fuese al revés: de rotas, las piezas se apilaron hasta formarlo todo, de vuelta y de revés.
Fiesta fin de semana ¿porque no? Tendrán oportunidad de perderse, entre sí y uno del otro; pero perderse no significa recorrer los mismos laberintos por donde ambos han construido juntos hasta ahí, hasta acá, hasta ese instante en el que Él dijo ¿porque no? y Ella dijo como sí. Perderse, no entrar de cabeza en el otro sin duda.
Fiesta de pueblo. Suena bien. ¿Porque la invita? Nada claro; no lo sabe. Pero no hay vuelta se repite todavía mientras cuelga el teléfono. ¿Recuperar? ¿el qué? La oportunidad de seguir juntos hasta que descubra que no puede olvidar el infierno de los días finales; y ese mismo perdón que reclaman las cosas le estalle en el rostro sin escape. ¿Recuperar qué? La risa, el sexo seguro la desnudez que se asemeja a un cadáver para contemplar otro cuerpo en toda la dimensión de lo que será de lo que ya no va a ser más. ¿Recuperar qué? del recuerdo el recuerdo, hacer memoria del dolor.
Todos los invitados asisten. Carnaval. Ella ríe ¿como tocarla? Se pregunta ¿como llegar a una persona que ruega por su mejor recuerdo pero rechaza todo contacto? ¿comotocarlacomotocarla? Él avanza una mano hasta su mano; Ella lo mira lo mide, siente la proximidad y no se abruma y no se intimida; sonríe, nunca desprendida de eso que carga cada cual pero ya pensarlo es estar pegados.
Él mira mide confunde y avanza las palabras al aire. Como se cazan los tigres: entre rodeos y mucho ruido. ¿Quien se confunde? Él asoma el cuerpo; Ella estira el cuello, Él avanza como un perdido incomprensible inexpresivo, los restos que serán. Planta un beso que no pega. Ella acusa el golpe. Desde atrás desde la bruma de los pensamientos, acepta deja hace, con el cuerpo rígido, sin anhelo, con demasiados signos abúlicos.
Siempre será lindo pensar que existió, cuando menos un poquito.Él, por su parte, no tiene idea. Y cómo va a tenerla si las cosas de aquel ahora, de cuando las miradas se cruzaban sobre el suelo apartando las palabras como estorbos, no corresponden con ese sentimiento que le cruza la frente, como la marca de los aurelianos. Algo no marcha pero no puede ver que los perdones otorgados dejan retazos que bailan en la memoria como en el aire. No supo que los trozos se juntaron. No había manera de saberlo. Quizá después, quizá con terrible claridad; nadie sabe.
Algo se rompió, sin duda. O quizá fuese al revés: de rotas, las piezas se apilaron hasta formarlo todo, de vuelta y de revés.
Fiesta fin de semana ¿porque no? Tendrán oportunidad de perderse, entre sí y uno del otro; pero perderse no significa recorrer los mismos laberintos por donde ambos han construido juntos hasta ahí, hasta acá, hasta ese instante en el que Él dijo ¿porque no? y Ella dijo como sí. Perderse, no entrar de cabeza en el otro sin duda.
Fiesta de pueblo. Suena bien. ¿Porque la invita? Nada claro; no lo sabe. Pero no hay vuelta se repite todavía mientras cuelga el teléfono. ¿Recuperar? ¿el qué? La oportunidad de seguir juntos hasta que descubra que no puede olvidar el infierno de los días finales; y ese mismo perdón que reclaman las cosas le estalle en el rostro sin escape. ¿Recuperar qué? La risa, el sexo seguro la desnudez que se asemeja a un cadáver para contemplar otro cuerpo en toda la dimensión de lo que será de lo que ya no va a ser más. ¿Recuperar qué? del recuerdo el recuerdo, hacer memoria del dolor.
Todos los invitados asisten. Carnaval. Ella ríe ¿como tocarla? Se pregunta ¿como llegar a una persona que ruega por su mejor recuerdo pero rechaza todo contacto? ¿comotocarlacomotocarla? Él avanza una mano hasta su mano; Ella lo mira lo mide, siente la proximidad y no se abruma y no se intimida; sonríe, nunca desprendida de eso que carga cada cual pero ya pensarlo es estar pegados.
Él mira mide confunde y avanza las palabras al aire. Como se cazan los tigres: entre rodeos y mucho ruido. ¿Quien se confunde? Él asoma el cuerpo; Ella estira el cuello, Él avanza como un perdido incomprensible inexpresivo, los restos que serán. Planta un beso que no pega. Ella acusa el golpe. Desde atrás desde la bruma de los pensamientos, acepta deja hace, con el cuerpo rígido, sin anhelo, con demasiados signos abúlicos.
¿Recuperar qué? Cuanta ternura existe, la boca negada golpea hasta el fondo. Nunca ternura más profunda, habrá golpeado tan sentido. Es el precio ¿para que pides para que pagas? La soledad muerde la mano que la acaricia.
Quiere llorar pero ¿como? Pues así lo hizo entonces.
Todo pasa. Corrillos de desconsuelo. Todo pasa, nada ha pasado y las cosas regresan a donde estuvieron rotas.
Hora de dormir. Tirados como chamacos pasan el gallo. Risa de bobos. Se pierden en una caverna profunda donde sólo caben dos; muy apretada como para gritar. Sólo al oído las cosas se ven con la claridad de un desierto plano y brillante. Y el vaivén es intolerable en el desierto.
Salen, se tienden en el pasto; la humedad trepa por los tobillos. Sin estrellas, solo hay un raso azul de tan negro. ¿Recuperar qué?
Él acaricia largamente y acaba por acariciarse a sí mismo también. La mano estirada bajo la ropa; el fino recuerdo de cada pliegue, cada volumen que se levanta sin explicación. El pulso acelerado, ella quiere pero sabe... ella quisiera querer: las cosas perdidas también se encuentran nuevas. Mientras su vientre tiembla recorrido con el dorso de una mano, parece mientras que corre el cinturón, desliza los botones y aprieta, aún entonces descubre que nada está perdido. Pero quemando se van, quemadas.
Ella descubre. Él adivina. Húmeda e inmutable no son palabras para encontrar en un amante. Él se quita la ropa porque sabe que no va a ser, la toma de la mano y se acaricia con ella el cuerpo.
Las formalidades del tacto hacen las peculiaridades del guante. Los dedos de Ella son perfectos para cavan hondo, rasgan la superficie. Adelante atrás adelante atrás, de la repetición se desprende un aprendizaje nuevo, un conocimiento mineral capaz de repetirse por siempre.
Un quejido sordo sorprende a los dos compartiendo el mismo sueño de querer. Esa mano tiene cuerpo; y el otro cuerpo, tiene historia.
Ella quiere llorar pero ¿como? Si ha llorado tanto. Él quiere llorar pero ¿como? Pues así, chingada madre, así.
1 comentario:
Es cierto: "La soledad muerde la mano que la acariacia", pero entonces dime, ¿de dónde salió esto y por qué lo conozco tan bien?
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