No conozco medicina más fuerte que los purgantes: una cucharada de navajas que metes en tu cuerpo. Todo se rompe, rasgados los tejidos, exprimida cada célula, los órganos quedan como bolsas. Al final se trata de quedar como calcetín: libre de todo mal, lo de dentro afuera y tu gestos detrás del costillar, con las puntas tiesas.
A pesar de todo esto, no encuentro aún purgante que sirva: algo queda y se pudre.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
Archivo del Blog
- junio (1)
- febrero (2)
- noviembre (2)
- julio (2)
- junio (1)
- mayo (2)
- abril (1)
- julio (2)
- febrero (2)
- enero (2)
- diciembre (1)
- octubre (2)
- septiembre (4)
- agosto (3)
- julio (4)
- junio (3)
- mayo (2)
- abril (1)
- marzo (1)
- febrero (1)
- diciembre (1)
- noviembre (1)
- octubre (6)
- septiembre (2)
- julio (9)
- abril (3)
- mayo (3)
- marzo (1)
- diciembre (2)
- noviembre (4)
- octubre (18)
- septiembre (9)
- agosto (12)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario