miércoles, octubre 29, 2008

god´s gonna cut you down

UNO
Acudo a un parque para observar a las palomas; en casi un exacto metro cuadrado, sus cagadas nublan un trozo de pavimento. Nunca vi tanta mierda junta. Pero no es asunto de cantidades, a pesar de todo.
Ni de mierda: la precisión me llama.

DOS
Abordo un camión. En el asiento del conductor viaja un hombre cansado, de piel cetrina, con la mirada hundida en recuerdos de días de calor y de frío debajo de las gafas oscuras, seguramente.
En el resto de los asientos viajan otros hundidos en otros lados, como sí los traslados fueran el incipiente pretexto para estar antes de estar, o de permanecer después de partir.
Pocas cosas me pueden importar tan poco pero llevo la doble maldición de la curiosidad y la indolencia.

TRES
Tomo una a una las notas borroneadas en los cuadernos viejos. Son tantas y nada me dicen; solo su abultado volumen me impide moverlas a la basura. Estoy a punto de aterrizar en la conclusión de que estas escrituras de interné son la mejor manera de no tomar a tus fantasmas con las manos. Y de que las filas de recuerdos pendientes no alcancen el cielo raso.

miércoles, octubre 15, 2008

hay dias que las cosas se parecen

Cansado,sobre todo,de estar siempre conmigo,de hallarme cada día,cuando termina el sueño,allí, donde me encuentre,con las mismas narices y con las mismas piernas;como si no deseara esperar la rompiente con un cutis de playa,ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,acariciar la tierra con un vientre de oruga,y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

las cosas que me rodean 2

¡Azotadme!Aquí estoy,¡azotadme!Merezco que me azoten.No lamí la rompiente,la sombra de las vacas,las espinas,la lluvia;con fervor,durante años;descalzo,estremecido,absorto,iluminado.No me postré ante el barro,ante el misterio intacto del polen,de la cama,del gusano,del pasto;por timidez,por miedo,por pudor,por cansancio.No adoré los pesebres,las ventanas heridas,los ojos de los burros,los manzanos,el alba;sin restricción,de hinojos,entregado,desnudo,con los poros erectos,con los brazos al viento,delirante,sombrío;en comunión de espanto,de humildad,de ignorancia,como hubiera deseado...¡como hubiera deseado!

lunes, octubre 13, 2008

Las cosas que me rodean

En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña
el puñal con su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige
porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida
para quien lo crearon los hombres. A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta
fe, tan apacible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.
La porción más dura de las horas se me va en convencerme de la insignificancia de toda finalidad; sentado frente a esta pantalla, mordisqueando una manzana mientras presiento que la vida está allá afuera corriendo por Reforma, mojada bajo los árboles, diluida entre las luces rojas de los semáforos que lindan con estrépito en la noche, me repito que las voces reptan por el aire, para nadie y para nada.
Y en el insignificante esfuerzo por creer lo que no tiene sentido creer, mi alma chilanga pregona la vanidad de este mismo esfuerzo. Quizá si, quizá tenga algo de razón pero no tiene sentido sentarse a meditarlo para ponerle palabras que lo abarquen todo en su ámbito insondable, ponerle palabras para encontrar oído, ponerle palabras para todos y para mi, para nadie.






martes, octubre 07, 2008

Algunos de nosotros somos mejores que nosotros...

Estoy tendido sobre una cama en un cuarto de paredes blancas y un foco desnudo colgando desde un cielo raso con grietas en las orillas. Un trozo de manzana se atora en mi garganta; el aire se aprieta sobre mi cara, choca sin romper la barrera invisible de mis dientes; quiero gritar, romper la línea que lo detiene lejos de mi mordida; quiero morderlo y no lo alcanzo. Mi madre asoma justo debajo del cielo raso, tapando el foco. El círculo de su cara resalta, a la vez que borra todos sus gestos; una sola luna rosa bajo techo blanco.

Desde que cargo con mis propios recuerdos siento la impresión del testigo y no la del protagonista. Raspones con sabor de tierra, mordiscos de chocolate con lazos de baba y sangre, muslos rotundos que una mano que es mi mano recorre hasta desvestirlos de toda duda, el helado de vainilla que mi lengua mira con envidia contada por los dedos. Épica sin héroes, hasta los dolores pasan a través de una mirada que quiere ser indolente; y lo logra. El silencio de vibrato antes del primer beso, el hedor mondo de las peras, la gota de almíbar que corre por el camino que habría de seguir mi barba después, la acidez purulenta de la saliva ajena montada sobre el labio superior, el silencio atronador después del último beso. Cada instante de esta vida que me es contada abre las puertas a una diferente forma de entender: la realidad formada en gajos, quiero creer, rellena los espacios en blanco. Y sin embargo suponer siquiera que es, cabalmente, una forma de entender, sería como pensar que los tomates poseen alguna cualidad superior a la carne de puerco o que la manteca subyace a la margarina. Las cosas son así porque son así porque son así porque son así, porque hay una urgencia que se sobrepone a toda crítica. Quizá por eso no soy tan aficionado a las mandarinas.
Las cosas se mueven, caen, chocan contra otros objetos y contra otras personas. Veo un ejército de hombres y mujeres vestidos con las ropas de la misma plancha atravesar las calles por las esquinas, consultar el reloj, dibujar enternecedores monólogos con los labios hundidos en el teléfono celular, y los veo seguir su acompasada acompañada marcha por la calle mientras un resto diferente espera en otra esquina para seguir a los otros en una dirección distinta. En cada paso, distingo la huella de cada esfuerzo frustrado y no puedo sino sentirme muy inferior al resto de mi especie. Cada reloj regateado en el tianguis con el dedicado talento de construir un señuelo, cada abominable pantalón, cada llanto a la madrugada por las promesas escamoteadas y por las promesas prometidas me deja con el triste sabor de sentirme inútil, vil hasta la libido.

sábado, octubre 04, 2008

Hay veces que las cosas no parecen

No conozco medicina más fuerte que los purgantes: una cucharada de navajas que metes en tu cuerpo. Todo se rompe, rasgados los tejidos, exprimida cada célula, los órganos quedan como bolsas. Al final se trata de quedar como calcetín: libre de todo mal, lo de dentro afuera y tu gestos detrás del costillar, con las puntas tiesas.
A pesar de todo esto, no encuentro aún purgante que sirva: algo queda y se pudre.

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