UNO
Acudo a un parque para observar a las palomas; en casi un exacto metro cuadrado, sus cagadas nublan un trozo de pavimento. Nunca vi tanta mierda junta. Pero no es asunto de cantidades, a pesar de todo.
Ni de mierda: la precisión me llama.
DOS
Abordo un camión. En el asiento del conductor viaja un hombre cansado, de piel cetrina, con la mirada hundida en recuerdos de días de calor y de frío debajo de las gafas oscuras, seguramente.
En el resto de los asientos viajan otros hundidos en otros lados, como sí los traslados fueran el incipiente pretexto para estar antes de estar, o de permanecer después de partir.
Pocas cosas me pueden importar tan poco pero llevo la doble maldición de la curiosidad y la indolencia.
TRES
Tomo una a una las notas borroneadas en los cuadernos viejos. Son tantas y nada me dicen; solo su abultado volumen me impide moverlas a la basura. Estoy a punto de aterrizar en la conclusión de que estas escrituras de interné son la mejor manera de no tomar a tus fantasmas con las manos. Y de que las filas de recuerdos pendientes no alcancen el cielo raso.
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