lunes, diciembre 01, 2008

heaven knows I´m Miserable Now

Las mañanas me asaltan con su costal de dudas. El viaje es largo, según me dicen, pero no existe seguridad de que pueda entender nada, alguna vez. Me detengo a observar la casa donde vivió el ogro de mis infancias, de la primera en adelante, y a la fachada ya no la encuentro intimidante: el pasto un poco crecido, atendido con desdén, le hace parecer agradable, hasta atractiva; unas plantas que llamaré madreselvas porque ignoro su nombre crecen sobre la reja, blanca para el mejor recuento de mis pesadillas. Mecánico de fama, con manchas en la ropa, Adrián se llamaba. Ahora, no hay balón que nos una, ni pelota que se recobre.

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