Los ojos de mi padre miran por debajo de los párpados. Sus dos arillos deslavados, casi blancos, casi azules, amarillos en la insistencia. Dicen los médicos que le cuesta observar, que poco mira; cosas de la diabetes, afirman. Pero no conocen su tenacidad, su cerril empeño por hacer de la vida su vida, de tomar los días como quien toma cucharadas por la mañana. Como tampoco saben que esos ojos helados al desliz te atraviesan el cuerpo como si fueras una silueta de humo o invisible; y que su mirada solo alcanza lo que quiere ver, desde siempre.
Pero él no lo reconoce. La diabetes, explican, provoca este tipo de afecciones.
El otro médico nos explica que su vida como la conocemos va a cambiar definitivamente, que sus hábitos lo llevaron hasta ahí, con ese médico, arrastrando todos sus años através de costumbres tan resueltas como equivocadas. Pero este médico sabe menos. Desconoce que mi padre por costumbre nos aleja de sus hábitos, que hace de sus palabras muros y de su experiencia muros enteros sin trasvaso ni ventanal. El hipotético sanador también ignora que mi padre tiene el hábito de llevarte cuando niño a las responsabilidades de la edad adulta y, cuando adulto, empujarte por la mesa hasta la edad de los pañales.
Y este médico llama a otro, que son dos, para explicarnos que sus arterias no bastan, que la sangre busca sus caminos sin hallarlos para entrar en los pulmones, en la pierna derecha y en la cabeza, jugando un terrorífico volado con la irrigación de sus humores.
Mientras uno apunta con el índice hacia una línea de contraste sobre fondo negro, diciendo que es la arteria tal y que ahí, clarísimo, esta la obstrucción, el otro explica cuantos suecos y suizos puede nombrar en un minuto; y el primero apunta a donde la línea se difumina diciendo, que es imposible el injerto, dando el pie al segundo, que ahora enuncia, sin pausa ni dicción, anglos y francos. Después, dando media vuelta, se pierden detrás de la cortina por donde vinieron, ambos, brazo con brazo.
Mi padre tiene el corazón duro y las coronarias atrofiadas, dijo el último de los doctores. Algo suponíamos. Las coronarias es nuevo, sin embargo. El corazón...
domingo, marzo 01, 2009
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1 comentario:
Querido, te mando un abrazo tan enorme y tan incandescente como te haga falta...
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