jueves, junio 18, 2009

Hay votos en la vida, tan fuertes...¡Yo no sé!

Cada vez que intento enterarme (o fingir que me entero, todavía no me pongo de acuerdo a este respecto) de como están las cosas encuentro una invitación para anular mi voto. Sin que pueda entender las cosas que motivaron estas posiciones (si lo intento me duele la cabeza), sus objetivos, densos y sinuosos, interesantes sin duda, son al final agotadores. Quién vota por qué y por quién, se antoja a una infinita escalera que solo los más avezados consultores de promoción del voto trepan hasta el segundo peldaño; sólo los más avezados.
El curioso énfasis de esta novísima veleidad de la participación política (sus promotores parecen convencidos) es, por otra parte, algo más interesante.
A los partidos políticos la fama les viene de familia, son lo que son, buenos y malos, con defectos y virtudes, pero no estoy tan convencido que sean los depositarios de TODO MAL. Quizá si, quizá todos, no lo sé, nomas digo que no creo en los héroes, tampoco en los villanos, y que decir que algo o alguien (alguienes en este caso) es responsable de todo es equivalente a afirmar que no es culpable de nada mientras agitas los brazos en el aire gritando el mundo se va acabar, arrepiéntanse pecadores.
La modesta y discreta costumbre de relacionar actos y actores, de establecer juicios a partir de sus consecuencias no es, aparte de todo, tan divertida ni tan eficiente agente de ventas como las fantasías apocalípticas del fin de la idea de la democracia mexicana (lo que eso signifique). Algo no encuentro, a pesar de todo, dentro de esta caja de desencantos. Le doy vuelta a las hojas, miro, escucho, mientras intento entender que pasa, pero no hallo más que partidos políticos. Hey, ¿que no todo estaba mal?, donde quedaron los magistrados electorales que deciden no meterse en las discusiones del 2 de julio de 2006 por cuestiones de responsabilidad y que anulan una elección interna a tres semanas de las elecciones, donde quedaron los IFE consejeros; ¿esos son los chidos? No lo sé, solo creo que le faltan actores a la película.
De cualquier manera, con el coco (buuuu, ñaca-ñaca, cacle cacle y JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA -risa de anuncio del partido verde) suelto tampoco se le puede informar como EL MAL, el único único mal; el coco puede ser responsable de la viejita que pierde sus ahorros, del infante que no va a ir a la escuela o de Laguna Verde, pero ¿de todo junto?, no lo sé (tampoco). De acuerdo, pues, que EL MALIGNO es culpable de todo. ¿De que es culpable?, pedrito, pochito, pablito, jorgito (como se llame el chavo) no va a la escuela, ¿porqué?: EL COCO; es indigente, ¿porqué?: EL COCO; mientras uno soñaba que era rey, otro soñaba en trabajar, pablito, jorgito, ponchito soñaba con la mona entre los dedos (no mames, casi lloro), ¿porqué?: EL COCO. Más complejo que quitarle actores a la película es quitarle temas, en lugar de los hijos de Sánchez tenemos a Pepe el toro (no se malentienda, aprecio mucho más al torito y la chorreada que a Cosío Villegas y a los Flores Magón, pero no los confundo). Entiendo (¡por fin!) un poco que, emocionalmente, es mucho más económico meter todo problema en una bolsita y endosarlo. Pero el punto no es tranquilizar sino todo lo contrario (diablos, ahí va el hallazgo de mis cogitaciones meditabundas). No imagino un problema que resuma todos los problemas (quizá el cáncer o la esquizofrenia) pero los cívicos analistas del cinismo (o cínicos analíticos de la civilidad, o civiles cínicos del análisis, ¿quién podrá ayudarnos?) de la clase política parecen encontrarse cansados de señalar las cosas que están mal, y sintetizan; por lo menos los creyentes (incluso los ateos) no se cansan de señalar lo que está mal y de repetirlo.
Si acaso el asunto es electoral, de la representatividad que se traduce en poder delegado, los objetivos electorales que se persiguen tampoco están claros. Nada más importa, sólo las elecciones son tema políticamente relevante, quiero decir. Voto duro y voto blando, si no vota gana el PRI, si no vota gana el PAN, pueque. Lo invulnerable (coerciones y adhesiones) dice menos que lo permeable, sin embargo. Si no voto no pasa nada si voto no pasa nada pero si anulo mi voto algo pasa (me duele la cabeza). Con esto cívicamente le estoy reclamando la legitimidad que no tienen los partidos políticos; el sistema no es tan malo como sus integrantes. Más menos entiendo las premisas y las conclusiones propuestas. Una pregunta brinca por encima de esta mamona afirmación: ¿en que país dicen que esto funciona? ¿La clase política, mayoritariamente corrupta, distante de sus representados, más preocupada por su permanencia que por los productos de sus actividades públicas, servidos y serviles, que no le interesa si voto siempre y cuando las encuestas lo favorezcan, sufrirá un súbito arrepentimiento si anulo mi voto? Después de sesudos análisis, ¿en qué país dicen que esto funciona?
Mi abuela, que era un caramelo: dulce pero inflexible, transparente pero dura, solía decirme que quién pregunta dice más de sí que quién responde, que las preguntas llevan empacadas las preocupaciones, las aspiraciones, las aporías de aquel que pregunta. La pregunta pide una respuesta, necesita una respuesta. Las conclusiones a las que han llegado algunos preocupados ciudadanos no me causa sorpresa: y si, la cosa está de la chingada. Que opinadores profesionales lleguen a semejante conclusión me angustia: un doctorado en la... (llene usted la universidad de sus aspiraciones) produce la misma conclusión: la cosa está de la chingada. Y me angustia porque me hace meditar un segundo (cosa asaz dolorosa) en las preguntas que se hicieron, que se hacen, durante todo este tiempo los opinadores profesionales (aparte la señora Sauri, la más sincera de las convocantes: está enchilada, nomas) acerca de este país. Cuando decían que algo estaba mal, cuando decían que algo estaba bien, ¿qué diablos tenían en mente? ¿qué estaban viendo?
En la honesta angustia por las intermediaciones sociales y políticas, falta un poco de preocupación por el lugar que han jugado los medios de comunicación (por completo) en este chisme. Me gustaría, aunque sea un poquito, escuchar que opinión tienen de ellos mismos. Entre el voto duro y el que nunca vota somos un chingo, y este chingo es el que ha escuchado (1997, 2000, 2006) las cosas que hubieron de incidir en sus opiniones y, muy probablemente, en su manera de votar. Curiosa manera de pensar la responsabilidad pública y el distanciamiento con la sociedad.
Regreso sobre mis neurosis, ¿que país miran, analizan, piensan, viven?
Una sólida preocupación por la vida pública del país, uno o varios posgrados en el extranjero, incontables estudios de los más diversos tipos y profundidades, y las necesarias fuentes de información para canalizar semejante preocupación, al parecer se reducen a la misma manera como cualquiera avienta juicios al mundo: la realidad inmediata es la pieza matriz, el resto es fabulable. Agradecido por la sinceridad, mis neurosis son más grandes que yo, su humilde siervo: ¿en que país se fijan?

No hay comentarios.:

Archivo del Blog