viernes, agosto 28, 2009

BURSITIS SEGUNDA

Sofía, con sus cinco años, sabe que para bajar un escalón hace falta adelantar un pie y flexionar la rodilla contraria pero no sabe que puede hacerlo alternadamente, así que cuando baja una escalera lo hace escalón por escalón. Sofía también sabe que para llenar de color rosa el vestido de la princesa de alguno de sus libros para colorear debe tomar el lapicillo color rosa presionarlo contra el papel y repasarlo, el lápiz color rosa, pero Sofía sabe que no puede mantener los trazos dentro de las líneas negras, así que dibuja círculos que iluminan los vestidos de las princesas de sus libros para colorear, siempre princesas y siempre rosas, y una buena porción de los contornos alrededor de estos. Lo que da a sus príncipes una extraña apariencia, bastante divertida en realidad, pero nada más.
Con el tiempo, Sofía, podrá subir y bajar escaleras a velocidades que paralicen el corazón de sus padres y podrá, si quiere, poner los colores dentro de las líneas del dibujo. Pero su tiempo, el tiempo de Sofía quiero decir, es un particular tiempo inundado por miles, quizá millones de escalones y libros para iluminar; ¿quien sabe y quien puede contar? Curiosamente, desde mi punto de vista, las escaleras se volverán parte del paisaje y los cuadernos perderán buena parte de su magia, al menos para mi, que he llegado a apreciar a esos engominados hippies de Jesucristo Superestrella, con charreteras en los hombros y parches rosas en las rodillas.

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