miércoles, septiembre 23, 2009

Algunos seres resultan más interesantes que el resto de nosotros...

Reviso los periódicos como quien lee las cartas de una vieja amante despechada: los toco con una vara larga, con el rabillo del ojo y exhalando, antes de abrirlos; ¿qué puede contar que no me hubiese contado antes, hace un día, un mes, diez años? ¿qué puedo decirle que no le haya dicho, una y otra vez, sin resultado? Pero mi curiosidad es mórbida.
Me llego hasta conocer del estado presente de los ánimos del mundo. Bastante mal que la estamos pasando ¿Eh? Pero esto puede no ser así; como no tengo demasiadas preocupaciones, me lleno con muy poco de compasión o de vergüenza.
De cualquier manera la contundencia de las informaciones me hace sospechar que cada periódico, o servicio informativo sin importar sus medios, es parte de la conspiración piadosa de una secreta cofradía necesitada de exacerbar los ascos y los miedos. Uno se jode a otro, otro se jode a varios, varios nos joden a todos y todos, de manera vehemente, nos vamos a joder. Una rápida hojeada me hace considerar a los tipos que envolvieron sus cabezas en bolsas de plástico en San Diego y los cowboys de Waco, Texas, como mártires de la sensibilidad extrema, y visionaria. La sorpresa no es que suceda sino que no pase todos los días, por todas partes. Ante esta saturación de San Juan y San Pablo, la escatología es el único camino.
Y sin embargo algo me recuerda a los toros en las corridas, un acedo aliento heroico, como del niño que sobrevive a los escombros o del náufrago que deriva sobre su madero. No parece que sea un asunto de ganar sino de perder en grande. Las victorias no muestran el volumen necesario de humanidad, no tienen garra.
Me entero acerca de los últimos resultados en las batallas deportivas, criminales, financieras, justicieras, reivindicadoras, no hay escape, vamos perdiendo. ¿Quienes? todavía me pregunto.

martes, septiembre 15, 2009

Escombros del huracán Jimena

Hay días en los que mi habitación se abarca en un gesto. La primera luz desenvuelve los cantos de los muebles y las paredes, las sombras se deslizan con delicadeza por el piso bajo la mirada que, colmando los rincones, desnuda líneas y contrapuntea silencios. El viejo pan, además, explota su corteza al contacto con las yemas de mis dedos. Hay días en los que la cebolla se hace redonda en la mordida y, mientras rueda borracha abrazando la lengua cuesta abajo en la garganta, adivina la lluvia. Hay días en los que mi cuerpo se reclina sobre los asientos de mi casa con la clara concepción de este cansancio, con los riñones perdidos, con los nudillos hechos polvo y, entonces, al prender el cigarro de la tarde, las chupadas se hacen soplos. Hay días en los que el viejo Miles atraviesa los cristales de oxígeno y el aire resuena como campanas. Hay días en los que el viejo hábito de volver mis recuerdos un hábito, de hacerlos compañeros, de sentarlos a mi mesa... Entonces jugamos ajedrez, mis habitadas compañías y yo. Siempre pierdo.

lunes, septiembre 07, 2009

Lunes, después de un domingo, después de una madrugada de sábado que quisiera olvidar

Hoy no estoy en casa. No estoy en mi sillón naranja. No estoy apretando las teclas de está computadora. No tengo computadora, incluso. No estoy sirviéndome café, inventando mis sueños, pasando lista con el índice a mis pesadillas. No estoy aquí, no estoy para nadie. Pero esto no puede ser una sorpresa. El aire caliente barre la calle, levanta la banqueta, arrastra polvos y papeles. Por la tarde llueve, dicen que la Ciudad va a reventar de tanta agua, que de las coladeras brotan las mismas aguas que ingresaron kilómetros arriba. Lo bueno es que no estoy para nadie.

BURSITIS FINAL

La experiencia se vuelve repetición, y en esta repetición encuentro, a veces, una actitud. Seguramente algo tiene que ver con una postura pero no estoy tan seguro que se resuelva con la sola disposición corporal. Algo con el ánimo, sin duda.
Recorro las memorias de mis pesadillas, siento los recuerdos de mi cuerpo en sus productos, siento los miembros lacios, los poros ateridos, la respiración cansada; de sus productos en vigilia, de lo que sucede durante y después de dormir, nada puedo señalar.

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