viernes, octubre 02, 2009

La calle antes del crimen

En el mundo de las incertidumbres, de los días que fraguan el olvido mismo de la esperanza, uno a uno hasta llegar al final del mes, en este mundo de calles oscuras, de temores certeros pero difusos, animista, estadísticamente verosímil, puedo obtener una seguridad: hasta estar jodido está sujeto a comprobación. Digamos, por ejemplo, que alguien roba una tarjeta de débito. Digamos también que este desconocido pero real sujeto, tiene oportunidad de realizar 25 operaciones justo antes de que la cuenta bancaria quede suspendida. La respuesta entonces del empleado bancario, cuando presentas tu queja/reclamo/súplica/mentada de madre, no es, para suma de perplejidades, si o no, sino un "este es su número de reporte, dentro de cinco días hábiles acuda a su sucursal para que le den un estado de cuenta pormenorizado."
Creo que deberé revisar mis aficiones al misterio: por hoy apesta.

jueves, octubre 01, 2009

TIEMPO 2

Hace calor. Malditos todos. La vida está sucediendo, tiene que hacerse patente de alguna manera y no lo hace en silencio. Pero este calor tiene memoria, como una gelatina, me sostiene, dilata los movimientos, las extremidades son como cucharas que avanzan por la sala. Las cosas flotan en el imperio de un instante original, en el que todo concibió sentido y aliento. Es martes pero igual podría ser enero: hace tiempo que dejaron de importar esas veleidades del calendario.
Son las cinco con cuarenta y dos. El calor está en el aire y no en los tristes rayos de sol que atraviesan la gruesa capa de nubes.
Pensar en el día si pudiera llamarse a lo que está sucediendo en mi cabeza pensamiento. Me dejo habitar por una idea, antes bien, y la corriente que formaron los recuerdos, sus imaginaciones, la sorprendente adolescencia, veinte pesos y los autobuses para llegar a la preparatoria. Entrada por salida, sin tiempo para hacer las muescas de cada personaje en la geografía limitada de un tablero de cartón. Tengo vértigo: los humores del cuerpo hacen girar las imágenes que vuelan frente a los ojos. Nunca tendrá la realidad mayor relevancia que las palabras con las que se pueden describir cada fracción de la historia personal. El género por la especie, la familia por la rama, la particularidad por encima de todo lo posible. Nada tiene sentido si no existe, cuando menos, el intento de encontrar un orden a la suma de acontecimientos .
El calor no cederá hasta bien entrada la madrugada. Viene de lejos desde treinta años atrás e innumerables veces andando el mismo camino, comprando los mismos cigarros rehuyendo siempre las mismas furias y espantando los mismos fantasmas. Me siento a la cama con una cerveza en la mano para aliviar el calor, como la promesa frente a la ventana del esperado viento que no llega, como la lluvia.
Lo único que puedo decir es que conozco este instante como nadie llegará a conocer nunca nada. Y que en verdad no ha podido ser de otra manera, porque pensar más cosas significa hacerse pendejos.
De eso se trata.
El tiempo se hace corto. Las botellas de cerveza pasaron del refrigerador a formar un pequeño batallón justo al pie de la ventana. No importan las horas pero este día no parece menguar. Miro por la ventana y me siento como Eugenio, mi pez. Aunque no soy azul ni tengo falsas alas para batir en un aire inmóvil, esta tarde el pez beta ha ganado nombre y respeto, ambos inmerecidos de verdad.

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