Cosa curiosa la cicatriz. No más que el racimo de células de piel que, apresuradas, cerraron un resquicio. Observo mis brazos, mis piernas, recorro con la lengua las paredes de la boca, paso el dedo índice por los bordes de los labios: estoy lleno de marcas, sin embargo pocas de estas me dispongo a llamarlas cicatrices. Supongo que algo de la huella queda en el recuerdo que la une a mi historia, o en el olvido que la intenta separar. Movimientos ambos, olvido y memoria, de un mismo sentido: escarbar en esta triste costumbre del alambique, en la perra tradición de decantar. ¿Cuantos cortes tendrán mis dedos producto de malos cuchillos mientras picaba una cebolla? No lo sé. Otro puñado, en cambio...
Para mi buena fortuna, llevo las huellas de la introspección y la reserva de manera patológica: mis heridas son fracturas. Quizá también sea por mis huesos débiles, no lo sé.
martes, enero 26, 2010
viernes, enero 15, 2010
GSTS
Puedo observar la punta de mi zapato derecho por aproximadamente veinticinco minutos sin pestañear; y en el mismo gesto, puedo dejar de pestañear por aproximadamente veinticinco minutos. Notable.
Pero más aún me sorprende la imbricación de las sorpresas que nunca vienen solas, y si pongo un poco de atención, los verdaderos chispazos vienen detrás. Un oftalmólogo corriente podría chasquear la lengua considerando el daño profundo e irreparable que le ocasiono a mis pupilas que se anegan y chorrean por los costados (casi a niveles de plañidera, pero realmente triste, sin patrón) hasta que el líquido salado y tibio me despierta de la ensoñación cuando gotea sobre mi cuello, cuando el encanto se encuentra en mi zapato.
Pero más aún me sorprende la imbricación de las sorpresas que nunca vienen solas, y si pongo un poco de atención, los verdaderos chispazos vienen detrás. Un oftalmólogo corriente podría chasquear la lengua considerando el daño profundo e irreparable que le ocasiono a mis pupilas que se anegan y chorrean por los costados (casi a niveles de plañidera, pero realmente triste, sin patrón) hasta que el líquido salado y tibio me despierta de la ensoñación cuando gotea sobre mi cuello, cuando el encanto se encuentra en mi zapato.
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