martes, enero 26, 2010

MRKS

Cosa curiosa la cicatriz. No más que el racimo de células de piel que, apresuradas, cerraron un resquicio. Observo mis brazos, mis piernas, recorro con la lengua las paredes de la boca, paso el dedo índice por los bordes de los labios: estoy lleno de marcas, sin embargo pocas de estas me dispongo a llamarlas cicatrices. Supongo que algo de la huella queda en el recuerdo que la une a mi historia, o en el olvido que la intenta separar. Movimientos ambos, olvido y memoria, de un mismo sentido: escarbar en esta triste costumbre del alambique, en la perra tradición de decantar. ¿Cuantos cortes tendrán mis dedos producto de malos cuchillos mientras picaba una cebolla? No lo sé. Otro puñado, en cambio...
Para mi buena fortuna, llevo las huellas de la introspección y la reserva de manera patológica: mis heridas son fracturas. Quizá también sea por mis huesos débiles, no lo sé.

No hay comentarios.:

Archivo del Blog