No es que sea necesaria, sin embargo sería agradable encontrar con un sesudo esfuerzo por explicar el intrínseco valor de nombrar un libro de tal manera en lugar de tal otra. ¿Existe ya? no lo sé.
Pero repasando mi biblioteca (librero 1.2 x 1.6 metros, frágil madera de pino desertificante del Cerro del Ajusco) puedo intuir una reserva, como una contención de los autores que renuentes a confesión ninguna, miden con la cuarta sus palabras (Molloy, Lodo, Yodo, Tristessa, Aullido, María, Rayuela, Yunkie...) antes que permitir las tesis del barbudo investigador. Otros, aunque modestos, agradeciendo el ademán prepositivo (El innombrable, Malone muere, El camino...), no otorgan mucho más que una pausa de aliento.
Aunque la pregunta inicial sigue pendiente ¿cómo nombrar?, hay algunos títulos que encuentro entrañables...
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