martes, abril 30, 2013

#DiaDeJazz

Esta noche, una mano se desliza por otra cintura. El pulgar avanza entre los pliegues de la ropa, recorre los surcos que ha dejado el día; y en las hendiduras rosadas de la piel del otro cuerpo, mano y pulgar descubren los hedores del mundo que se aleja como la tarde, como la mierda por las coladeras, como la muerte de todos los pasados instantes espantados por el vuelo de esta mano, pulgar y palma, como una ave.




Por la ventana se cuela el viento que no refresca. El desierto consume la ciudad como un horno. Edificios, "malles", autos y avenidas cruzan la cara de esta noche sin gente: bofetada, elogio ruin, escupitajo; el "As de Oros" hace sonar su rocola de acordeones, mil ebrios juegan a matar el tiempo pero solo cuatro apuestan a matar al vato que sangra en el piso, pateado, detrás del camión que se aleja bufando, sin espanto, despreocupado. Los estertores de este día y la vida que se consume lentamente entran por la ventana.
El aire abraza abrasa. Pero poco importa. Palma y pulgar se abren como alas de sanate, pájaro-rata, mientras recorren otra espalda, como un parque, como su Alameda, toda otra espalda.



El sudor y otro sudor se funden como resina, pegamento para ombligos. Una mano encuentra su reflejo en otra mano, carne abierta en otra carne, seres reses a la puerta del matadero, en la ventana. Pieles enfrentadas bajo el escrutinio de los vecinos, ¡qué dirán los niños! Nada. Este abrazo es el recuerdo de otro deseo, volátil como todo lo que invita, perdido en alguna grieta de otra habitación de otra calle, en otro abrazo, entre otros cuerpos.


Esta  noche se la carga el Sirocco. Esta noche, mientras todo se consume en su lentitud de siglos, mientras los seres que significan algo arden súbitos, espontáneos, dejando hollín de tubo de escape  como restos. Esta noche me arranco las manos y me corto la piel, esta noche me abrazo a tu cuerpo para no arder, para explotar. ¿A quién le importa nada más?









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