jueves, mayo 02, 2013

¿Quieres algo de beber? Nada, agua está bien.



Existe el peculiar hábito de pensar que un vaso de agua es la manera más sencilla de responder a la invitación de nuestro anfitrión sin importunarlo demasiado. Como si pedir un vaso de agua no representara mayor gasto. Quizá esto sea cierto para el agua que llega a los hogares a través de la red de tuberías, la cual llega a costar hasta 1 centavo por litro. Pero el costo económico directo no es el único que debería ser tomado en cuenta.
Parece que tenemos la costumbre de disminuir la importancia de los recursos a los cuales tenemos acceso de manera regular y fácil; y, por el contrario, valorar –a veces desproporcionadamente—aquellos recursos a los cuales tenemos un acceso limitado o de manera controlada. Quizá esto sea producto de la manera moderna de entender la vida, que aprecia los bienes que se consiguen de manera individual por encima, y a veces, a pesar de los bienes colectivos. Puede ser.
Lo que si resulta cierto, por su parte, para el consumo del agua es que nuestra imaginación se concentra en el líquido que sale de las regaderas o el que usamos cuando giramos la palanca del inodoro. Sin embargo el agua se encuentra presente en otros, muchos aspectos de nuestra vida, solo que estos son indirectos y, por tanto, poco apreciables mediante el solo sentido común.
Así, por citar un ejemplo curioso, se calcula que una botella plástica de un litro de agua significa en realidad 8 litros de agua: uno en su contenido y siete utilizados en su fabricación. Este tipo de indicadores nos muestran la manera callada, silenciosa, como una gotera callada por la cual se van miles y miles de litros cúbicos.



En el sitio http://www.waterfootprint.org  podemos encontrar información acerca de este tipo de cálculos.
Otro ejemplo que merece ser considerado, es el de un litro de leche. Datos publicados en este sitio estiman que además del 87% de agua que contiene el líquido de la leche, son utilizados alrededor de 1000 litros –entre el agua ingerida y aquella utilizada para bañar a las vacas—. A este cálculo se le llama “cantidad de agua virtual”.
Y las cifras son alarmantes: 300 litros para un litro de cerveza, 10 mil litros para un pantalón de mezclilla, 15 mil para un kilo de carne de res, 17 mil para un kilo de chocolate.
Los números siguen y se acumulan. Dejando una sensación de un problema insuperable: porque ¿cómo dejar de consumir? si todo requiere del agua para su fabricación.
La respuesta, quizá, se encuentre en el tema inicial de este texto. En el agua que llega a nuestras casas.
Podemos hacer muchas cosas, sin duda, pero resulta mucho más probable que iniciemos por aquello que se encuentra más próximo a nosotros. Una muy repetida—y con razón—es la utilización racional y cuidadosa del agua consumida en los hogares: evitar fugas, revisar fallas, no desperdiciar, etc.
Otra puede ser recuperar el agua de la red hidráulica para consumo humano. No lo sé, pero si intentamos ahorrar agua podríamos empezar por evitar el consumo de aquella que viene en botellas. Se oye bien, ahorrar agua consumiendo agua, pero será posible. ¿Qué crees?

Para consultar el informe completo, acudir a 
http://www.waterfootprint.org/Reports/Report50-NationalWaterFootprints-Vol1.pdf

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